Hace dos días, rebuscando entre antiguas carpetas, encontré un trabajo para la clase de Historia de 3º de E.S.O. Titulado "La historia de hoy: esclavitud y pobreza en nuestros días", en él se encarga al alumno llevar a cabo una pequeña investigación sobre este tema. Como apartado final figura un "comentario personal". Con alguna duda respecto a la pertinencia de reproducirlo, finalmente lo he creído conveniente. La transcripción literal es la siguiente:
"Esta etapa de entrada al siglo XXI, pensamos que es la mejor que ha vivido la Tierra hasta el momento, pero este pensamiento es erróneo. Desde cinco siglos atrás la Tierra ha sido colonizada por el hombre blanco (Europa), y aunque legalmente ya no lo sea, sus huellas han aplastado al resto de la humanidad. Las democracias de los países "desarrollados", basadas en un sistema capitalista, dejan atrás a ese 90% de la población mundial que en estos momentos nos necesita más que nunca. Mientras que sin el menor pudor tiramos la comida que nos sobra en la cena, derrochamos un dinero que bien podrían utilizar "nuestros hermanos" del tercer mundo. Nuestras mentes se preocupan por si nos llegará el dinero para comprar un sillón nuevo, mientras que las suyas se preocupan de si hoy encontrarán algo que llevarse a la boca, algo con que calmar el hambre, algo que nosotros tiramos. Vivimos en un mundo en el que la información que llega al ciudadano es muy grande pero a la vez muy superficial y no trae consigo los datos necesarios. Lo que ocurre en el mundo debe mostrarse para que las situaciones reflejadas no se repitan, todas ellas son parte de nuestra comunidad humana. Me gustaría que a la entrada en el tercer milenio no olvidemos a aquellos habitantes que están marcados por la pobreza, el hambre, la corrupción o la guerra.".
Admito que este comentario es propio de un adolescente cargado de buenas intenciones y que muchas de las opiniones, para sustentarse, requieren de un mayor desarrollo argumentado. Pero lo cierto es que continúo suscribiendo gran parte su contenido.
Ahora bien, ¿qué puede hacer Occidente por mejorar la vida de los habitantes de las regiones no desarrolladas o en vías de desarrollo?
Las teorías de Comercio Internacional (desde David Ricardo hasta Paul Krugman) afirman que el comercio entre dos (ó más) países permite aumentar las posibilidades de producción y de consumo de cada uno de ellos, dado que cada país aprovechará las ventajas comparativas de que dispone. Cierto que las teorías más avanzadas en este campo admiten que este efecto puede ser desigual entre países y dentro de cada país (Paul Samuelson), pero la evidencia clara es que aumenta las posibilidades independientes de mejora en cada uno de ellos.
En 1948, tras la II Guerra Mundial y en el marco creado tras la Reunión de Bretton Woods (orientada a estabilizar el sistema económico y monetario internacional), surge un nuevo acuerdo: el GATT (General Agreement on Tariffs and Trade). Su objetivo es reducir el proteccionismo entre países (uno de los responsables de la profundidad de la Gran Depresión). Básicamente busca la eliminación de discriminaciones comerciales y la reducción progresiva de los aranceles entre los países que suscriben este acuerdo. Tras un repunte del proteccionismo durante los años 70 y parte de los 80, y la dificultad para avanzar eficazmente hacia una mayor desprotección comercial, surge la necesidad de crear un órgano de negociación más potente. En 1995 aparece la Organización Mundial del Comercio (OMC). Se trata de una institución permanente y no sólo un acuerdo.
El problema tanto del GATT como de la OMC es que los avances que han ido consiguiendo son mucho mayores en el terreno industrial que en el agrícola. ¿Qué significa ésto?. Básicamente que facilita el comercio de productos industriales, donde los países desarrollados tienen ventaja comparativa, y dificulta el comercio de productos agrícolas, donde muchos países no desarrollados o en vías de desarrollo tendrían oportunidad de especializarse y, por tanto, de mejorar su situación económica.
En 2001 se abre una nueva ronda de negociación, la conocida como Ronda de Doha o del Desarrollo. Entre otros objetivos, destaca el de aumentar la desprotección agrícola. Sin embargo, debe destacarse un aspecto: EEUU, la UE y Japón se oponen tradicionalmente. Y ya he explicado las consecuencias de no avanzar en este camino.
Tanto EEUU como la UE y Japón, llevan a cabo acciones y políticas económicas (directas o indirectas) para proteger su sector agrícola. Estas medidas sólo mejoran la oferta (productores agrarios), que ve subvencionada su actividad "artificialmente". El consumidor del propio país se ve perjudicado porque compra a unos precios mayores que los del equilibrio natural de mercado. Por tanto, compra más caro y menos cantidad. Y supone un importante gasto público. El resultado de numerosos estudios es un descenso claro del Bienestar Nacional.
¿Por qué si el asunto es tan evidente no existen debates importantes? y, sobre todo, ¿por qué se mantienen estas políticas negativas?
A este respecto, profundos estudiosos del comercio internacional como Paul Krugman concluyen que es debido al poder político de que disponen reducidos grupos de presión. Como ejemplo, los productores de arroz de Japón o los de azúcar en EEUU. En ambos casos, el país en su conjunto se vería beneficiado si destinara esos recursos a otras actividades productivas e importara de terceros países tanto el arroz como el azúcar. Pero la presión tradicional de estos sectores y el coste político de reconducirlos evita que se actúe en ese sentido.
En Europa, gran parte de Presupuesto Europeo se destina al sector agrícola a través, fundamentalmente, de la Política Agrícola Común (PAC). Aunque llegó a ocupar el 70,8 % del total del Presupuesto en 1985, desde entonces su peso ha descendido hasta aproximadamente el 50 %. Y la previsión es que continúe este descenso. Sin embargo son cifras verdaderamente altas en proporción a su peso real.
Es comprensible que se quiera mantener el sector agrícola y, relacionado con ello, el sector rural. Pero se deberá afrontar el problema desde otra perspectiva, que aúne cierta sostenibilidad y reducción de costes.
Es incomprensible que se continúen negando las demandas de los países pobres a este respecto, mientras el mundo desarrollado se ha visto beneficiado por una mayor desprotección industrial.
Y ésta es una de las acciones posibles, vista desde una perspectiva relativamente técnica, que podemos acometer desde el "Primer Mundo" para mejorar la vida de los habitantes de nuestro planeta. Es evidente que no podemos controlar el reparto de las ganancias obtenidas mediante la apertura comercial en los países del "Tercer Mundo", pero lo que sí podemos es incrementar las posibilidades de mejora económica.
Por tanto, y continuando el sueño adolescente, muestro una de tantas medidas que podríamos tomar en Occidente para "no olvidarnos a la entrada del Tercer Milenio de nuestros hermanos del tercer mundo".
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sábado, 26 de septiembre de 2009
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