
Comienzan los días de otoño y con ellos la cita anual con varios premios. En menos de dos semanas se han conocido el Premio Nobel, el Premio Nacional de Narrativa, el Premio Planeta y los Premios Ondas, entre otros. Y sus ganadores y la toma de decisiones para seleccionarlos penetran en los diarios.
El Premio Nobel. Desde 1901, viene otorgándose este galardón. Cada otoño, coincidiendo en el tiempo con la concesión del premio, se reúnen 1000 expertos por cada campo de análisis: Física, Química, Economía, Medicina, Literatura y Paz. Esos 1000 expertos (incluídos anteriores premios Nobel) llevan a cabo una nominación (excluyéndose así mismos), quedando una lista de entre 100 y 200 nombres. A partir de febrero, un exclusivo comité de expertos se dedica a limar la lista hasta concluir, dos semanas antes de la concesión, con la persona adecuada. Bien. Resulta que el Nobel de la Paz ha ido a parar a Barack Obama, presidente de EEUU. En noviembre de 2008 ganó las elecciones, y en enero de 2009 tomó posesión de su cargo. Por lo que según lo establecido debía haber sido previamente nominado. Buena previsión por parte de los mil expertos de primera instancia, se nota que son la flor y nata mundial a este respecto, dada su anticipación al sugerir el nombre del candidato. Es decir, al prever que sería merecedor del premio. Pero lo preocupante es la concesión en sí misma. Es evidente que Obama ha supuesto un cambio de actitud y de sensibilidad en muchos aspectos de política internacional (no en todos, pero no es el momento de entrar en ello). Y, posiblemente, ha mejorado el estado de ánimo general, aspecto difícil de cuantificar (¿se imaginan si continuásemos con una Administración como la de Bush? ¿Una Administración incapaz de comprender todo aquello que no formase parte de su idea de cómo deben ser las cosas?). Pero, a juicio de cualquiera (espero), el premio debe referirse a hechos y no a intenciones. ¿Y qué ha hecho Obama?. En principio tiene ideas, muchas ideas, y proyectos, pero ninguno de ellos se ha materializado. Como es lógico, sin llegar a cumplir su primer año de mandato, aún no ha tenido tiempo para ello. De hecho, parece ser que al que menos le ha gustado esta concesión ha sido al propio Obama. Desgastado ante la opinión pública interna por la tramitación de su proyecto de reforma sanitaria, este premio no sirve más que para dar munición a la oposición republicana.
Un aspecto positivo, siéndo práctico, es que al menos el galardón añade presión a Obama. Habrá de hacerse merecedor de éste.
Y no olviden que los Nobel de la Paz no es que tengan una trayectoria muy acertada. Mahatma Gandhi, por ejemplo, nunca lo recibió. Y personajes cuanto menos controvertidos como Yasir Arafat, Isaac Rabin o, sí señores, Henry Kissinger, tejedor de ataques y golpes de estado por todo el mundo, obtuvieron el reconocimiento por su contribución al la paz y al civismo.
Una curiosidad. Sin ser novedad, Herta Müller, ganadora del Nobel de Literatura, pasó en menos de 48 horas de tener unas apuestas favorables de 50/1 a 7/1 en la casa de apuestas Ladbrokes. La hora antes del fallo las apuestas se situaron en un 4/1. ¿Rumores infundados?.
El Premio Nacional de Narrativa. Este galardón se viene otorgando desde 1949. Desde su reconfiguración en 1977, anualmente es concedido por el Ministerio de Cultura. Entre muchos otros, han recibido este premio escritores como: Gonzalo Torrente Ballester, Antonio Muñoz Molina, Francisco Ayala, Miguel Delibes, Juan Manuel de Prada, Luis Goytisolo, Bernardo Atxaga, Juan José Millás,... Sobre gustos está todo escrito. Pero al menos, parece que los nombres no son elegidos al azar, sino que responden a criterios de calidad literaria. (Por cierto, durante los últimos 30 años sólo lo han obtenido dos mujeres: Carmen Martín Gaite y Carme Riera).
Resulta que la noche del miércoles 14, día que se concedió el galardón a Kirmen Uribe por su novela "Bilbao-Nueva York-Bilbao", me encontraba escuchando las ondas más conservadoras. Ante la noticia de esta concesión, el presentador cargó con dureza por haber sido concedido a una novela escrita en "vascuence" y no traducida. Dado que el jurado era castellanoparlante, el jurado venía a ser una panda de imbéciles pseudo-intelectuales al servicio de los intereses del ministerio socialista. Más allá de que este tono comunicativo, agresivo y despreciativo, sea del todo inconveniente para la convivencia cívica en este país, los hechos argumentados por el presentador eran contundentes. Una novela no traducida no puede ser valorada. De hecho, pensaba escribir desde ese punto de vista. Pero los hechos me lo impiden. Esta novela sí que estaba traducida. Lo que le faltaba era un editor que quisiera publicarla. Por lo que el jurado sí pudo enjuiciarla. ¿Habrá rectificado el periodista?.
Los Premios Ondas. Creados en 1954 y concedidos por la emisora decana de la radio española, Radio Barcelona, a profesionales de la radio y la televisión. A finales de los ochenta el Grupo Prisa se hace con la propiedad de la Cadena Ser, pasando a otorgar los premios de esta emisora. Es entonces cuando se crean nuevas categorías: cine, música y, en 1999, publicidad. Con numerosas secciones premiadas, este año el premio al mejor presentador ha recaído en Jorge Javier Vázquez, ex presentador de "Aquí hay tomate" y presentador en la actualidad de "Sálvame". Se valora a un periodista que precisamente encabeza los rankings de programas "telebasura". Donde la noticia es la vida íntima (y a ser posible escabrosa) de los demás. Pero, sin entrar a criticar las implicaciones de la "telebasura", sí que criticaré un aspecto por el cual ha de ser evaluado todo profesional de la información: el criterio periodístico exige informar de manera veraz, recurriendo a varias fuentes que cotejen la información. Sencillo, ¿verdad?. Pues en estos programas, la información se convierte en especulación. Dos datos aislados conforman teorías. ¿Y ésto ha de ser premiado?.
El Premio Planeta. El ganador de este premio, si no pactado, al menos suele ser inducido o sugerido. Este hecho es vox populi. No dudo de que muchos de sus ganadores fueran merecedores de ello. Sin embargo, saber este aspecto de un premio literario es fundamental para darle o no credibilidad.
En definitiva, que los premios son los que son y son lo que son. Y respecto a algunos seguimos siendo niños que creen en los Reyes Magos. Nos ilusionan, nos dan a conocer personajes, ese día piensas en los libros, o en el cine, o en la radio... Pero lo mejor es cuando esa ilusión es real. No sé, como la noche de los Oscar.
Muy informado te veo. Tienes soltura de estilo ensayístico.
ResponderEliminarAún así, es preferible tener muchos y variados premios con sus defectos, compensaciones, "oportunidades", censuras, calidades ...) que carecer de ellos (o ser totlamente impuestos como en las dictaduras precedentes).