Iliana contaba 21 años cuando decidió entrar a formar parte de un partido político. Desde pequeña había tenido ciertas inquietudes relacionadas con su entorno, y creía necesario contribuir a alcanzar una mayor justicia social.
Este paso no le resultó fácil de dar. Tenía miedo de decepcionarse consigo misma si resultaba que su aportación apenas era válida. Y, además, era consciente de que era mucho más sencillo observar y analizar la situación política que entrar a formar parte de ella. A fin de cuentas, pensaba, si me equivoco a nadie le afecta. Pero un impulso dentro de ella la empujaba e ilusionaba con la posibilidad de vertir sus inquietudes dentro del lugar común que ocupa la política. Quería mejorar las cosas.
Sin embargo, pocos días le hicieron falta para darse cuenta de lo gris que era el partido. Su estructura interna correspondía a la de las peores burocracias. No encontró, durante el mes que participó, ni un atisbo de alguien o algo que quisiera aprovechar o explorar sus posibilidades. Aquello la desilusionó.
La primera entrevista se limitó a un mero formulario. Posibilidades de participación: asistencia a mítines y alguna reunión ocasional. Tras acudir a dos de ellas, se dio cuenta de que aquello distaba mucho de lo que esperaba. Sabía que en política (como en la vida) debía comenzar desde abajo. Por supuesto. Pero aquello era distinto. El ambiente del partido estaba viciado. Lo que muchos años atrás había comenzado como una asociación de personas con ideales y principios acerca de cómo articular una sociedad mejor, se había convertido en una máquina de gestión. No dudaba de que dentro de él había personas muy válidas, pero la impresión que sacó es que aquello en vez de unir al partido con la sociedad (y enriquecerse de este contacto), producía lo contrario. "Si yo estuviera dentro intentaría cambiar ésto. No entiendo cómo no son conscientes de lo importante que es cuidar la base y las posibles incorporaciones. No sé si tengo algo que aportar pero no ha habido nada que intentara encontrarlo. Y ya no digo estimularlo...".
Así pues, Iliana continuó sus estudios y dirigió sus inquietudes por otros caminos. A menudo escuchaba que faltaban grandes políticos, que actualmente la clase política era muy mediana. Seguro que ésta era una de las razones. No le extrañaba.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
sábado, 26 de septiembre de 2009
Acciones posibles
Hace dos días, rebuscando entre antiguas carpetas, encontré un trabajo para la clase de Historia de 3º de E.S.O. Titulado "La historia de hoy: esclavitud y pobreza en nuestros días", en él se encarga al alumno llevar a cabo una pequeña investigación sobre este tema. Como apartado final figura un "comentario personal". Con alguna duda respecto a la pertinencia de reproducirlo, finalmente lo he creído conveniente. La transcripción literal es la siguiente:
"Esta etapa de entrada al siglo XXI, pensamos que es la mejor que ha vivido la Tierra hasta el momento, pero este pensamiento es erróneo. Desde cinco siglos atrás la Tierra ha sido colonizada por el hombre blanco (Europa), y aunque legalmente ya no lo sea, sus huellas han aplastado al resto de la humanidad. Las democracias de los países "desarrollados", basadas en un sistema capitalista, dejan atrás a ese 90% de la población mundial que en estos momentos nos necesita más que nunca. Mientras que sin el menor pudor tiramos la comida que nos sobra en la cena, derrochamos un dinero que bien podrían utilizar "nuestros hermanos" del tercer mundo. Nuestras mentes se preocupan por si nos llegará el dinero para comprar un sillón nuevo, mientras que las suyas se preocupan de si hoy encontrarán algo que llevarse a la boca, algo con que calmar el hambre, algo que nosotros tiramos. Vivimos en un mundo en el que la información que llega al ciudadano es muy grande pero a la vez muy superficial y no trae consigo los datos necesarios. Lo que ocurre en el mundo debe mostrarse para que las situaciones reflejadas no se repitan, todas ellas son parte de nuestra comunidad humana. Me gustaría que a la entrada en el tercer milenio no olvidemos a aquellos habitantes que están marcados por la pobreza, el hambre, la corrupción o la guerra.".
Admito que este comentario es propio de un adolescente cargado de buenas intenciones y que muchas de las opiniones, para sustentarse, requieren de un mayor desarrollo argumentado. Pero lo cierto es que continúo suscribiendo gran parte su contenido.
Ahora bien, ¿qué puede hacer Occidente por mejorar la vida de los habitantes de las regiones no desarrolladas o en vías de desarrollo?
Las teorías de Comercio Internacional (desde David Ricardo hasta Paul Krugman) afirman que el comercio entre dos (ó más) países permite aumentar las posibilidades de producción y de consumo de cada uno de ellos, dado que cada país aprovechará las ventajas comparativas de que dispone. Cierto que las teorías más avanzadas en este campo admiten que este efecto puede ser desigual entre países y dentro de cada país (Paul Samuelson), pero la evidencia clara es que aumenta las posibilidades independientes de mejora en cada uno de ellos.
En 1948, tras la II Guerra Mundial y en el marco creado tras la Reunión de Bretton Woods (orientada a estabilizar el sistema económico y monetario internacional), surge un nuevo acuerdo: el GATT (General Agreement on Tariffs and Trade). Su objetivo es reducir el proteccionismo entre países (uno de los responsables de la profundidad de la Gran Depresión). Básicamente busca la eliminación de discriminaciones comerciales y la reducción progresiva de los aranceles entre los países que suscriben este acuerdo. Tras un repunte del proteccionismo durante los años 70 y parte de los 80, y la dificultad para avanzar eficazmente hacia una mayor desprotección comercial, surge la necesidad de crear un órgano de negociación más potente. En 1995 aparece la Organización Mundial del Comercio (OMC). Se trata de una institución permanente y no sólo un acuerdo.
El problema tanto del GATT como de la OMC es que los avances que han ido consiguiendo son mucho mayores en el terreno industrial que en el agrícola. ¿Qué significa ésto?. Básicamente que facilita el comercio de productos industriales, donde los países desarrollados tienen ventaja comparativa, y dificulta el comercio de productos agrícolas, donde muchos países no desarrollados o en vías de desarrollo tendrían oportunidad de especializarse y, por tanto, de mejorar su situación económica.
En 2001 se abre una nueva ronda de negociación, la conocida como Ronda de Doha o del Desarrollo. Entre otros objetivos, destaca el de aumentar la desprotección agrícola. Sin embargo, debe destacarse un aspecto: EEUU, la UE y Japón se oponen tradicionalmente. Y ya he explicado las consecuencias de no avanzar en este camino.
Tanto EEUU como la UE y Japón, llevan a cabo acciones y políticas económicas (directas o indirectas) para proteger su sector agrícola. Estas medidas sólo mejoran la oferta (productores agrarios), que ve subvencionada su actividad "artificialmente". El consumidor del propio país se ve perjudicado porque compra a unos precios mayores que los del equilibrio natural de mercado. Por tanto, compra más caro y menos cantidad. Y supone un importante gasto público. El resultado de numerosos estudios es un descenso claro del Bienestar Nacional.
¿Por qué si el asunto es tan evidente no existen debates importantes? y, sobre todo, ¿por qué se mantienen estas políticas negativas?
A este respecto, profundos estudiosos del comercio internacional como Paul Krugman concluyen que es debido al poder político de que disponen reducidos grupos de presión. Como ejemplo, los productores de arroz de Japón o los de azúcar en EEUU. En ambos casos, el país en su conjunto se vería beneficiado si destinara esos recursos a otras actividades productivas e importara de terceros países tanto el arroz como el azúcar. Pero la presión tradicional de estos sectores y el coste político de reconducirlos evita que se actúe en ese sentido.
En Europa, gran parte de Presupuesto Europeo se destina al sector agrícola a través, fundamentalmente, de la Política Agrícola Común (PAC). Aunque llegó a ocupar el 70,8 % del total del Presupuesto en 1985, desde entonces su peso ha descendido hasta aproximadamente el 50 %. Y la previsión es que continúe este descenso. Sin embargo son cifras verdaderamente altas en proporción a su peso real.
Es comprensible que se quiera mantener el sector agrícola y, relacionado con ello, el sector rural. Pero se deberá afrontar el problema desde otra perspectiva, que aúne cierta sostenibilidad y reducción de costes.
Es incomprensible que se continúen negando las demandas de los países pobres a este respecto, mientras el mundo desarrollado se ha visto beneficiado por una mayor desprotección industrial.
Y ésta es una de las acciones posibles, vista desde una perspectiva relativamente técnica, que podemos acometer desde el "Primer Mundo" para mejorar la vida de los habitantes de nuestro planeta. Es evidente que no podemos controlar el reparto de las ganancias obtenidas mediante la apertura comercial en los países del "Tercer Mundo", pero lo que sí podemos es incrementar las posibilidades de mejora económica.
Por tanto, y continuando el sueño adolescente, muestro una de tantas medidas que podríamos tomar en Occidente para "no olvidarnos a la entrada del Tercer Milenio de nuestros hermanos del tercer mundo".
"Esta etapa de entrada al siglo XXI, pensamos que es la mejor que ha vivido la Tierra hasta el momento, pero este pensamiento es erróneo. Desde cinco siglos atrás la Tierra ha sido colonizada por el hombre blanco (Europa), y aunque legalmente ya no lo sea, sus huellas han aplastado al resto de la humanidad. Las democracias de los países "desarrollados", basadas en un sistema capitalista, dejan atrás a ese 90% de la población mundial que en estos momentos nos necesita más que nunca. Mientras que sin el menor pudor tiramos la comida que nos sobra en la cena, derrochamos un dinero que bien podrían utilizar "nuestros hermanos" del tercer mundo. Nuestras mentes se preocupan por si nos llegará el dinero para comprar un sillón nuevo, mientras que las suyas se preocupan de si hoy encontrarán algo que llevarse a la boca, algo con que calmar el hambre, algo que nosotros tiramos. Vivimos en un mundo en el que la información que llega al ciudadano es muy grande pero a la vez muy superficial y no trae consigo los datos necesarios. Lo que ocurre en el mundo debe mostrarse para que las situaciones reflejadas no se repitan, todas ellas son parte de nuestra comunidad humana. Me gustaría que a la entrada en el tercer milenio no olvidemos a aquellos habitantes que están marcados por la pobreza, el hambre, la corrupción o la guerra.".
Admito que este comentario es propio de un adolescente cargado de buenas intenciones y que muchas de las opiniones, para sustentarse, requieren de un mayor desarrollo argumentado. Pero lo cierto es que continúo suscribiendo gran parte su contenido.
Ahora bien, ¿qué puede hacer Occidente por mejorar la vida de los habitantes de las regiones no desarrolladas o en vías de desarrollo?
Las teorías de Comercio Internacional (desde David Ricardo hasta Paul Krugman) afirman que el comercio entre dos (ó más) países permite aumentar las posibilidades de producción y de consumo de cada uno de ellos, dado que cada país aprovechará las ventajas comparativas de que dispone. Cierto que las teorías más avanzadas en este campo admiten que este efecto puede ser desigual entre países y dentro de cada país (Paul Samuelson), pero la evidencia clara es que aumenta las posibilidades independientes de mejora en cada uno de ellos.
En 1948, tras la II Guerra Mundial y en el marco creado tras la Reunión de Bretton Woods (orientada a estabilizar el sistema económico y monetario internacional), surge un nuevo acuerdo: el GATT (General Agreement on Tariffs and Trade). Su objetivo es reducir el proteccionismo entre países (uno de los responsables de la profundidad de la Gran Depresión). Básicamente busca la eliminación de discriminaciones comerciales y la reducción progresiva de los aranceles entre los países que suscriben este acuerdo. Tras un repunte del proteccionismo durante los años 70 y parte de los 80, y la dificultad para avanzar eficazmente hacia una mayor desprotección comercial, surge la necesidad de crear un órgano de negociación más potente. En 1995 aparece la Organización Mundial del Comercio (OMC). Se trata de una institución permanente y no sólo un acuerdo.
El problema tanto del GATT como de la OMC es que los avances que han ido consiguiendo son mucho mayores en el terreno industrial que en el agrícola. ¿Qué significa ésto?. Básicamente que facilita el comercio de productos industriales, donde los países desarrollados tienen ventaja comparativa, y dificulta el comercio de productos agrícolas, donde muchos países no desarrollados o en vías de desarrollo tendrían oportunidad de especializarse y, por tanto, de mejorar su situación económica.
En 2001 se abre una nueva ronda de negociación, la conocida como Ronda de Doha o del Desarrollo. Entre otros objetivos, destaca el de aumentar la desprotección agrícola. Sin embargo, debe destacarse un aspecto: EEUU, la UE y Japón se oponen tradicionalmente. Y ya he explicado las consecuencias de no avanzar en este camino.
Tanto EEUU como la UE y Japón, llevan a cabo acciones y políticas económicas (directas o indirectas) para proteger su sector agrícola. Estas medidas sólo mejoran la oferta (productores agrarios), que ve subvencionada su actividad "artificialmente". El consumidor del propio país se ve perjudicado porque compra a unos precios mayores que los del equilibrio natural de mercado. Por tanto, compra más caro y menos cantidad. Y supone un importante gasto público. El resultado de numerosos estudios es un descenso claro del Bienestar Nacional.
¿Por qué si el asunto es tan evidente no existen debates importantes? y, sobre todo, ¿por qué se mantienen estas políticas negativas?
A este respecto, profundos estudiosos del comercio internacional como Paul Krugman concluyen que es debido al poder político de que disponen reducidos grupos de presión. Como ejemplo, los productores de arroz de Japón o los de azúcar en EEUU. En ambos casos, el país en su conjunto se vería beneficiado si destinara esos recursos a otras actividades productivas e importara de terceros países tanto el arroz como el azúcar. Pero la presión tradicional de estos sectores y el coste político de reconducirlos evita que se actúe en ese sentido.
En Europa, gran parte de Presupuesto Europeo se destina al sector agrícola a través, fundamentalmente, de la Política Agrícola Común (PAC). Aunque llegó a ocupar el 70,8 % del total del Presupuesto en 1985, desde entonces su peso ha descendido hasta aproximadamente el 50 %. Y la previsión es que continúe este descenso. Sin embargo son cifras verdaderamente altas en proporción a su peso real.
Es comprensible que se quiera mantener el sector agrícola y, relacionado con ello, el sector rural. Pero se deberá afrontar el problema desde otra perspectiva, que aúne cierta sostenibilidad y reducción de costes.
Es incomprensible que se continúen negando las demandas de los países pobres a este respecto, mientras el mundo desarrollado se ha visto beneficiado por una mayor desprotección industrial.
Y ésta es una de las acciones posibles, vista desde una perspectiva relativamente técnica, que podemos acometer desde el "Primer Mundo" para mejorar la vida de los habitantes de nuestro planeta. Es evidente que no podemos controlar el reparto de las ganancias obtenidas mediante la apertura comercial en los países del "Tercer Mundo", pero lo que sí podemos es incrementar las posibilidades de mejora económica.
Por tanto, y continuando el sueño adolescente, muestro una de tantas medidas que podríamos tomar en Occidente para "no olvidarnos a la entrada del Tercer Milenio de nuestros hermanos del tercer mundo".
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economía,
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martes, 22 de septiembre de 2009
Aperitivo contemporáneo
Antes de entrar de lleno a través de estos escritos en cuestiones más complejas, me gustaría llevar a cabo un breve análisis ante dos cuestiones clave actualmente: ¿dónde estamos? ¿hacia dónde nos dirigimos?
El siglo XX ha sido un periodo verdaderamente intenso a nivel político, ecónomico y detrás de todo ello inelectual.
Toda gran crisis produce cambios en los planteamientos económicos. A comienzos de siglo en las democracias occidentales la economía de mercado continuó extendiéndose gradualmente. Tras la Gran Depresión de los años 30 y la II Guerra Mundial, el modelo capitalista viró hacia una mayor intervención del Estado en la economía, de acuerdo con el planteamiento anticíclico de Keynes. Tras los años 70 (crisis del petróleo) resurgió el liberalismo más profundo, culminando su victoria ideológica tras el gran fracaso del sistema comunista evidenciado tras el derrumbe de la URSS y los países de su órbita. Caído el Muro de Berlín, el capitalismo se convirtió en el único modelo existente, con sus variedades regionales.
Actualmente vivimos la mayor crisis desde los años 30. La efectividad del modelo económico existente está en duda y, al menos, el debate económico está abierto globalmente. Es importante destacar que el eje de este debate tiene mucha importancia más allá de la economía. Se trata de definir qué tipo de sociedad buscamos y por tanto cuál es el papel del Estado teniendo en cuenta su función: representar y organizar los intereses públicos.
¿Declaración de intenciones?. Continuará.
El siglo XX ha sido un periodo verdaderamente intenso a nivel político, ecónomico y detrás de todo ello inelectual.
Toda gran crisis produce cambios en los planteamientos económicos. A comienzos de siglo en las democracias occidentales la economía de mercado continuó extendiéndose gradualmente. Tras la Gran Depresión de los años 30 y la II Guerra Mundial, el modelo capitalista viró hacia una mayor intervención del Estado en la economía, de acuerdo con el planteamiento anticíclico de Keynes. Tras los años 70 (crisis del petróleo) resurgió el liberalismo más profundo, culminando su victoria ideológica tras el gran fracaso del sistema comunista evidenciado tras el derrumbe de la URSS y los países de su órbita. Caído el Muro de Berlín, el capitalismo se convirtió en el único modelo existente, con sus variedades regionales.
Actualmente vivimos la mayor crisis desde los años 30. La efectividad del modelo económico existente está en duda y, al menos, el debate económico está abierto globalmente. Es importante destacar que el eje de este debate tiene mucha importancia más allá de la economía. Se trata de definir qué tipo de sociedad buscamos y por tanto cuál es el papel del Estado teniendo en cuenta su función: representar y organizar los intereses públicos.
¿Declaración de intenciones?. Continuará.
Introducción/contextualización
Este cuaderno personal representa una nueva aventura dirigida a compartir y moldear aquellas cuestiones que sobrevuelan mi cabeza. Al igual que toda terapia psicológica, requiere para avanzar de la verbalización, en este caso escrita.
Por supuesto, animo a todas aquellas personas que así lo crean a sumarse a este viaje. Este proyecto que emprendo, con humildad e incertidumbre, carece de sentido si al otro lado no encuentro ese interlocutor que se convierta en mi terapeuta.
Por tanto, gracias de antemano.
Por supuesto, animo a todas aquellas personas que así lo crean a sumarse a este viaje. Este proyecto que emprendo, con humildad e incertidumbre, carece de sentido si al otro lado no encuentro ese interlocutor que se convierta en mi terapeuta.
Por tanto, gracias de antemano.
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